Esto no es un poema en prosa
¡Qué dichosa es mi existencia cuando tengo tiempo para vivir! La libertad radica en tener tiempo. Tiempo que a veces se me escapa en actividades superfluas como trabajar, asistir a clases, realizar alguna actividad burocrática, alguna cena esporádica con gente superficial, y un largo etcétera. Detesto todo lo que me impide sentarme a escribir, a leer, a ver una buena película, a salir a caminar y a detenerme a observar cómo el viento hace mecer las copas de los árboles y a percibir con asombro cómo las ramas del árbol vecino no tocan al de aquél que se mece con más fuerza. A veces, durante el tiempo que dedico a vigilar a los estudiantes mientras realizan sus exámenes, observo con detenimiento los mismos árboles que algunos meses atrás estaban desnudos; los percibo verdes, llenos de hojas; de ramas que se entrelazan constantemente y sin ningún orden preestablecido. Observo esas ramas y me pregunto si la naturaleza tiene algún orden o si, por el contrario, el orden es precisamente...